
La labor del editor desencadena todo el proceso editorial en la medida en que éste hace que de la idea se logre el libro. El editor debe ir en busca de los manuscritos, aquellos que después de pasar por cada departamento terminan en un producto más para la intelectualidad del imaginario.
Todo comienza con un análisis sobre la decisión de publicar o no el manuscrito que ha llegado o que ha sido encontrado; el editor debe evaluar lo que implica dicha publicación de acuerdo a los costos que éste implica y especular sobre las ganancias que podría traer.
Cada empresa editorial tiene diferentes necesidades que toman en cuenta a la hora del estudio del manuscrito. Los editores pueden rechazar algunos aún dependiendo de su buena calidad, ya que las temáticas que estos tratan no cumplen con los intereses de la empresa.
Así, el editor debe solicitar ayuda de otros expertos en el tema del manuscrito, por ejemplo a los consultores, ya que éstos pueden hacer la diferencia cuando se decide si se publica o no el manuscrito. Los pagos al consultor son un gasto extra, pero es un riesgo que puede ser trascendental si se llega a publicar un libro que jamás debió de considerarse.
Ya que el editor es el planeador del proceso, cuando está evaluando un manuscrito debe tener en cuenta una serie de consideraciones para que de ello resulte la mejor elección:
• Conocimiento de los libros, la educación, la cultura y estar actualizado de lo pasa en el mundo, además de poseer sensibilidad en cuanto a la reacción del público.
• Se debe contar con editores especializados en distintas áreas: ficción, ciencia, infantiles, etc.
• Contar con consultores, aquellos especialistas que después de leer y estudiar el manuscrito emiten al editor un dictamen sobre la suerte del texto. Éstos dan una funcionalidad doble porque además proporciona puntos de vista que pueden modificar las opiniones de la empresa.
• Departamento de producción y ventas.
• Departamento de finanzas.
• Estudios de mercadotecnia que ponen a prueba las proyecciones sobre el libro.
De este modo, la editorial debe pensar, idear y estudiar un plan de trabajo que ayude en la elección y distinción de los manuscritos publicables. Aunque no siempre sea la idea la que llegue a tocar las puertas de los editores, ya que el manuscrito puede llegar a las manos del editor porque éste sí lo buscó o por recomendación de terceros. A parte del incentivo del editor, el manuscrito puede llegar a la editorial por medio del personal, los buscadores de textos, por medio de las premiaciones de libros y los agentes literarios.
Así, también debe de pensarse en los diferentes proyectos de desarrollo que existen, tales como:
• Series, cuando se quiere hacer una edición de un conjunto de libros sobre algún tema en general, algún género o sólo sobre algún tipo de libro en particular. Las publicación de series enriquecen el aspecto y los manuscritos de la editorial.
• Libros de texto y lecturas suplementarias.
• Libros de consulta, diccionarios, enciclopedias, atlas. Textos que exigen años de preparación e inversión.
El libro debe idearse en conjunto con las expectativas que se tienen respecto a las ventas, por ello el desarrollo del proceso editorial debe ir de la mano de la planeación de la promoción y las ventas:
• Trabajo conjunto, se debe trabajar en equipo con lo que el departamento de ventas ha estudiado sobre el mercado, la distribución y el precio.
• Libros por suscripción, es una forma de distribución que puede ser llevada pensarse desde el departamento de ventas.
Así es, el trabajo que implica la búsqueda de los manuscritos que próximamente estarán en los estantes de las librerías debe pensarse detenidamente para que como en toda inversión se obtenga lo que se espera. México no es un país de lectores, o tal vez muchos no vivan del acto de escribir, pero lo cierto es que mientras más eficaz y mejor planeada sea la preparación del manuscrito a libro, seguramente las oportunidades de su lectura aumentarán.